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Tratado de Maastricht 1992 - Historia

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El 7 de febrero de 1992 se firmó el Tratado de Maastricht creando la Unión Europea. La Unión fue un paso hacia una mayor integración del anterior Mercado Común.


En diciembre de 1991 se iniciaron negociaciones entre las naciones del Mercado Común para ampliar el alcance de su relación más allá del comercio económico. El nuevo tratado amplió esa cooperación a una política exterior y de defensa común y, al mismo tiempo, creó la cooperación en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior. El tratado integró aún más la cooperación económica entre los países que condujo a la creación de una moneda común, el euro.

A continuación, el tratado se sometió a la ratificación de los participantes. Tres condados se vieron obligados a celebrar referendos: Dinamarca, Francia e Irlanda. En los tres casos, el tratado fue finalmente ratificado por los márgenes más estrechos.


Tratado de Maastricht 1992 - Historia

El Tratado de la Unión Europea se firmó en Maastricht en presencia del presidente del Parlamento Europeo, Egon Klepsch. De acuerdo con dicho Tratado, la Unión se basa en las Comunidades Europeas (primer pilar), con dos áreas adicionales de cooperación (segundo y tercer pilares): la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y Justicia e Interior (JAI).

Tras la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea, la CEE se convierte en la Comunidad Europea (CE). Los poderes legislativos y de supervisión del PE aumentan con la introducción del procedimiento de codecisión y la ampliación del procedimiento de cooperación.

En virtud del nuevo Tratado, el Parlamento Europeo tiene derecho a invitar a la Comisión a presentar una propuesta legislativa sobre asuntos que, en su opinión, requieren la elaboración de un acto comunitario. La Comisión en su totalidad también debe ser aprobada ahora por el PE, que también nombra al Defensor del Pueblo Europeo.


Libre circulación en Europa: pasado y presente

Los ciudadanos de la Unión Europea son libres de cruzar las fronteras intraeuropeas en busca de oportunidades laborales y educativas, un nivel de vida más alto o incluso un clima más deseable. Los alemanes trabajan en el sector financiero en Londres y Luxemburgo, los jóvenes lituanos trabajan en restaurantes de comida rápida en Irlanda, los italianos estudian en universidades británicas y los suecos se jubilan en la soleada España.

Como un área de 27 países con más de 500 millones de habitantes, la Unión Europea es actualmente el mejor laboratorio de investigación del mundo sobre migración legal transnacional.

Pero, ¿cómo surgió tal área de libre circulación? ¿Por qué los estados soberanos de Europa decidieron renunciar a uno de los derechos fundamentales que define a un estado nación: el de decidir quién puede cruzar sus fronteras? ¿Y con qué fin?

Este artículo ofrece una breve descripción de la historia del régimen europeo de libre circulación y analiza cómo se ha promovido y utilizado la movilidad en Europa a lo largo de los últimos 60 años, la ampliación de la UE a Europa Central y Oriental en 2004 y 2007 y su impacto en -La migración europea y los desafíos a los que se enfrentan los gobiernos en esta nueva era de movilidad de la UE.

Crecimiento económico de posguerra y libre movilidad

Durante los últimos 60 años, Europa ha pasado de ser una región de emigración neta a una de inmigración neta. Durante este tiempo, se ha producido una progresiva disminución de las restricciones a la movilidad laboral entre determinados países europeos.

En cierto modo, esta apertura de fronteras es un regreso al pasado. Antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914, prácticamente no había controles fronterizos ni restricciones a la movilidad laboral en todo el continente. Durante la guerra, sin embargo, el cruce de fronteras por parte de extranjeros comenzó a considerarse un problema de seguridad, y fue en este momento cuando se introdujeron los pasaportes y visas en Europa.

Luego, en la década de 1950, cuando Europa comenzaba a recuperarse de la devastación de la Segunda Guerra Mundial y experimentaba un período de intenso crecimiento económico, se alentó nuevamente la movilidad laboral. Debido a que la falta de trabajadores calificados se consideraba una amenaza para la economía, la libertad de circulación de trabajadores industriales calificados se incluyó en los tratados fundadores de la Comunidad Económica Europea (CEE), predecesora de la actual Unión Europea, en 1957.

Más de 8 millones de permisos de trabajo se otorgaron a extranjeros en Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y Alemania Occidental (los seis miembros originales de la CEE) durante el período de trabajadores invitados de 1958 a 1972. Un tercio de los extranjeros los trabajadores procedían de la CEE, principalmente de Italia, que estaba rezagada en la industrialización y sufría un elevado desempleo.

Los trabajadores también fueron reclutados a través de acuerdos bilaterales de fuera de Europa, especialmente para trabajar en trabajos sucios, peligrosos y aburridos (los llamados 3D) en los sectores de la construcción, la minería y el transporte. Un número significativo de trabajadores invitados, por ejemplo, emigró de Turquía a Alemania, de Argelia a Francia y de los países de la Commonwealth británica a Gran Bretaña.

La crisis del petróleo que se inició en 1973 puso fin a la política de puertas abiertas con respecto a los trabajadores migrantes, quienes fueron bienvenidos cuando la economía los necesitaba pero se esperaba que se fueran cuando los tiempos eran difíciles. Sin embargo, para sorpresa de las naciones anfitrionas, la mayoría de los trabajadores invitados habían venido para quedarse. Además, muchos de estos migrantes habían invitado a sus familias a unirse a ellos en los países de destino, lo que hizo que los lazos familiares fueran una causa más importante de migración legal a Europa que la contratación activa de mano de obra. Este dilema fue perfectamente resumido por el autor suizo Max Frisch: "Pedimos trabajadores, pero vinieron seres humanos".

Ampliación de la libertad de circulación: de trabajadores a ciudadanos

El derecho a la libre circulación estaba inicialmente destinado a la población económicamente activa: trabajadores que pudieran mantenerse en el país de destino. Sin embargo, los textos de los tratados fundacionales de la CEE, así como la implementación de la legislación secundaria, dejaron espacio para la interpretación.

Durante años, los ciudadanos europeos han probado activamente los límites de la libre movilidad al impugnar las decisiones administrativas nacionales en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha desempeñado un papel fundamental en la ampliación del alcance de la libre circulación desde la década de 1970.

Las sentencias de la corte desde entonces han cambiado gradualmente la política de proteger principalmente la libre circulación de personas. trabajadores a la libre circulación de personas. En numerosos casos individuales, el tribunal dictaminó que un Estado miembro de la CEE no podía denegar la entrada o deportar a un ciudadano de otro estado de la CEE sobre la base de una conducta personal, a menos que dicha conducta justificara una acción igualmente punitiva si fuera llevada a cabo por un ciudadano de el estado anterior.

La propia definición de "trabajador" también se amplió gradualmente para incluir no solo a los trabajadores de la industria, sino también a los que tienen empleos estacionales o de corta duración y prácticas de aprendizaje en los Estados miembros. Luego, en 1990, se garantizó la libertad de circulación para estudiantes, jubilados y desempleados, así como para sus familias.

El proceso de establecimiento de la libertad de circulación para todos los nacionales de los Estados miembros finalizó con la firma del Tratado de Maastricht en 1992, que creó la Unión Europea (UE) e introdujo el concepto de ciudadanía europea común.

A medida que prosiguió el proceso de fomento de la migración y reducción de las restricciones de viaje, se hizo hincapié en reducir las formalidades de control de fronteras dentro de Europa. El Acuerdo de Schengen, que entró en vigor por primera vez en 1995, creó un área común, esencialmente sin fronteras entre Bélgica, Francia, Alemania, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal y España, en la que las credenciales de viaje solo se requerían en las fronteras exteriores de esta área.

Dos años más tarde, las reglas de Schengen se incorporaron al Tratado de Amsterdam, y en 1999 los ciudadanos europeos eran libres de cruzar la mayoría de las fronteras intraeuropeas sin tener que mostrar sus pasaportes. En el momento de escribir este artículo, el Espacio Schengen abarca 25 países europeos, tres de los cuales no son miembros de la Unión Europea.

Expansión de la UE: la movilidad de los europeos centrales y orientales

En mayo de 2004, los 15 estados de la Unión Europea (UE-15) dieron la bienvenida a diez nuevos Estados miembros en lo que fue la mayor expansión en la historia de la integración europea.

Los nuevos Estados miembros incluían ocho países (también llamados A-8) del otro lado del antiguo Telón de Acero: República Checa, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia y los tres estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, que todavía había sido parte de la Unión Soviética apenas 13 años antes. Al mismo tiempo, se concedió la membresía a los estados insulares de Chipre y Malta.

La ampliación fue objeto de mucha controversia, ya que las estimaciones de los medios de comunicación sobre la posible ola de migración por motivos económicos desde los países de Europa central y oriental variaron de 5 millones a 40 millones de personas. Se estimó que la tasa de migración era alta porque las diferencias de ingresos y el nivel de vida entre los nuevos Estados miembros y la UE-15 eran grandes: en 2003, el salario medio en Letonia, el más pobre entre los nuevos Estados miembros, era apenas un octavo del salario medio en la UE-15.

Aunque las anteriores ampliaciones de la Unión Europea no habían dado lugar a grandes salidas de trabajadores de nuevos Estados miembros, se pensó que esta vez sería diferente. Se temía que la migración laboral ilimitada de la A-8 causaría serios problemas para los mercados laborales de la UE-15. Temores similares relacionados con el dumping salarial y el potencial "turismo de bienestar" en la UE-15 se expresaron nuevamente cuando Bulgaria y Rumania se unieron a la Unión Europea en 2007.

Durante las negociaciones de adhesión, se estableció un período transitorio de siete años para que cada antiguo Estado miembro pudiera determinar cuándo estaba preparado para abrir sus fronteras a los trabajadores de los nuevos Estados miembros. Las medidas transitorias se basaron en un "modelo 2 + 3 + 2", en el que las restricciones a la entrada de nuevos ciudadanos en el mercado laboral debían revisarse dos años después, y nuevamente tres años después. Solo se permitió una fase final de restricciones de dos años en casos de perturbaciones graves dentro de los mercados laborales individuales de la UE-15. (Las restricciones no se aplicaron a los ciudadanos de Chipre y Malta).

Por tanto, la libre circulación entre todos los Estados miembros debía garantizarse a más tardar en mayo de 2011 para los ciudadanos de los países que se adhirieron en 2004 y en enero de 2014 para los ciudadanos de Bulgaria y Rumanía.

Solo tres Estados miembros - Irlanda, Suecia y el Reino Unido - decidieron abrir sus fronteras de inmediato, los dos primeros principalmente porque sus economías en crecimiento y relativamente abiertas necesitaban mano de obra, y el último porque se creía que su mercado laboral regulado podía mantener salarios en los niveles acordados colectivamente.

Además, la inmigración en ese momento no se percibía como una amenaza tan significativa en estos países, a diferencia de Francia, por ejemplo, donde se utilizó un personaje ficticio llamado el "fontanero polaco" para alimentar los temores sobre la habilidad de los trabajadores franceses. ser reemplazado por una avalancha de europeos del este dispuestos a trabajar por menos.

Alrededor del 70 por ciento de los migrantes de la A-8 se han dirigido desde entonces a Irlanda y el Reino Unido. Los inmigrantes de Bulgaria y Rumanía, por otro lado, han optado principalmente por ir a Italia y España.

Después de la expansión de 2004, Polonia fue la fuente del mayor número de trabajadores migrantes entre todos los nuevos Estados miembros. De hecho, el número de polacos que "residen temporalmente" en otro Estado miembro de la UE se duplicó con creces entre 2004 y 2007, alcanzando un máximo de alrededor de 2 millones, en ese momento un notable 5,3 por ciento de la población total del país de 38 millones. Sin embargo, Lituania tenía el mayor número de migrantes salientes en relación con el tamaño de su fuerza laboral, y algunas áreas del país han sufrido al menos una fuga de jóvenes al menos temporal, pero muy visible.

En general, las historias, culturas, situaciones económicas y políticas gubernamentales singulares de cada nuevo Estado miembro parecen haber influido en el número de migrantes salientes. Para algunos países, unirse a la Unión Europea no aumentó significativamente la migración al exterior. Hungría, donde la movilidad regional dentro del propio país y el interés por trabajar en el extranjero han sido tradicionalmente bajos, es uno de esos casos.

A pesar de las medidas transitorias adoptadas por algunos países -Austria y Alemania, los únicos dos antiguos Estados miembros que optaron por limitar la entrada de trabajadores A-8 hasta mayo de 2011, en particular- y las otras diversas restricciones al acceso al mercado laboral que se establecieron En este lugar, los trabajadores de los nuevos Estados miembros en puestos temporales, autónomos o en el sector informal mantuvieron su movilidad.

Las restricciones de visado para los ciudadanos de los países de Europa del Este que planean viajar a la UE-15 se eliminaron en 2001, por lo que la movilidad laboral de facto ya se estaba produciendo antes de que los nuevos Estados miembros se unieran oficialmente a la Unión Europea y mucho antes de que terminaran los períodos de transición. Prueba de este hecho proviene del Plan de registro de trabajadores implementado por el Reino Unido como medida para monitorear a los migrantes posteriores a la ampliación. En los seis meses posteriores a la ampliación de mayo de 2004, alrededor del 30 por ciento de las solicitudes al régimen procedían de personas que ya vivían en el Reino Unido antes de la ampliación.

Migrantes intraeuropeos

A medida que el período de transición que limita la libre circulación desde Bulgaria y Rumanía llegue a su fin en enero de 2014, Europa formará un área donde los ciudadanos de 31 países: los 27 países de la Unión Europea (UE-27) más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza: pueden vivir, estudiar o trabajar en cualquier lugar que deseen. Cruzar fronteras dentro de esta área se ha hecho increíblemente simple gracias a las políticas, la tecnología, la industria de viajes y la globalización.

Pero esta realidad presenta un problema clave para quienes estudian la movilidad europea: muchas formas de movimiento transfronterizo dentro de esta área siguen sin ser contabilizadas por las estadísticas oficiales. Los ciudadanos europeos cruzan fronteras sin estar registrados, a menudo permanecen esencialmente invisibles en sus países de destino y se cuentan de manera diferente según sus países de origen y destino. En el Reino Unido, por ejemplo, la medición de la inmigración se basa principalmente en el número de residentes que nacieron en el extranjero, mientras que en otros países, como Alemania, se determina por el número de residentes que no son ciudadanos nacionales.

Las estadísticas de emigrantes tampoco son claras: los austriacos se clasifican como emigrantes cuando salen de su país durante más de tres meses, los belgas después de seis meses, los finlandeses si tienen la intención de permanecer en el extranjero durante más de un año y los polacos y rumanos solo si indican que se van para siempre.

Debido al alto grado de variación en las políticas entre países, la ciudadanía tampoco es una forma confiable de dar cuenta de la movilidad. Bélgica, por ejemplo, exige tres años de residencia antes de poder conceder la ciudadanía, mientras que Austria exige una estancia mínima de diez años. Los niños nacidos de ciudadanos extranjeros son extranjeros en algunos países, como en Suecia y Finlandia, pero pueden convertirse automáticamente en ciudadanos de su país de nacimiento en otros, como en el Reino Unido e Irlanda.

Por estas razones, las estadísticas sobre cuántos inmigrantes intraeuropeos viven en un Estado miembro concreto en un momento dado deben tomarse con cautela. Sin embargo, hay algunos datos informativos y relevantes.

El tamaño total de la población

En las encuestas del Eurobarómetro, la libertad de circulación dentro de la UE-27 se considera a menudo como el mejor logro de la Unión Europea, por encima del euro, la prosperidad económica o incluso la paz. Sin embargo, para decepción de la Comisión Europea, que está preocupada por el crecimiento económico y la flexibilidad laboral, los ciudadanos europeos han tardado bastante en utilizar este derecho.

Dentro de la UE-15, los niveles de movilidad intraeuropea se han mantenido relativamente estables. La mayoría de los trabajadores extranjeros ha seguido procediendo de fuera de la Unión Europea, y la proporción de ciudadanos de la UE que se desplazan ha permanecido más baja de lo que había sido durante los días de la era de los trabajadores invitados de la década de 1960.

En 2000, alrededor del 5,1 por ciento de la población total de la UE-15, o 19 millones de personas, vivían en un país del que no eran ciudadanos. La mayoría de estos ciudadanos extranjeros vivía en Alemania (37,0 por ciento), Francia (18,4 por ciento) y el Reino Unido (10,2 por ciento). Solo alrededor de 6 millones de los ciudadanos extranjeros (1,6 por ciento) que vivían en la Unión Europea en 2000 eran nacionales de otro Estado miembro de la UE, y la mayoría de ellos también vivían en Alemania (1,9 millones), Francia (1,2 millones) y los Estados Unidos. Reino (860.000).

Según EUROSTAT, la oficina de estadística de la Unión Europea, 31,9 millones de ciudadanos extranjeros vivían en la UE-27 en 2009, lo que representa el 6,4 por ciento de la población total de la UE-27. Aproximadamente un tercio, o 11,9 millones, eran ciudadanos de otro Estado miembro de la UE-27.

Los efectos de las ampliaciones hacia el este de 2004 y 2007 son visibles, no solo en las cifras globales de 2009, sino también cuando se considera que los dos grupos nacionales más grandes de la población móvil de la UE fueron los de Rumanía (2,0 millones de inmigrantes de la UE) y Polonia (1,5 millones de inmigrantes de la UE). Juntos, estos dos grupos representaron el 11 por ciento de todos los ciudadanos extranjeros que vivían en la UE-27 en 2009. Turquía, un candidato a la futura adhesión a la UE, tenía la mayor proporción de inmigrantes que vivían dentro de la UE-27 en comparación con todos los países no pertenecientes a la UE. y países de la UE (2,4 millones).

La proporción de ciudadanos extranjeros que viven en cada país varió de menos del 1 por ciento en Polonia, Rumania y Bulgaria al 44 por ciento en Luxemburgo. En términos de cifras, Alemania, de nuevo, acogió la mayor proporción de ciudadanos extranjeros en la UE-27 (2,5 millones) seguida de España (2,3 millones), el Reino Unido (1,6 millones), Francia (1,3 millones) e Italia ( 1,1 millones).

Características de los inmigrantes intraeuropeos en la UE-15

El esfuerzo más extenso realizado hasta ahora para comprender la migración dentro de la UE fue el proyecto de investigación Pioneros de la Integración Europea (PIONEUR), que tuvo lugar entre 2003 y 2006.

El proyecto se centró en las empresas de mudanzas de los cinco Estados miembros más poblados de la UE-15 (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España) y utilizó la Encuesta social europea de las mudanzas internas (EIMSS) en 2004 para recopilar información sobre las experiencias de casi 5.000 europeos que se había trasladado de uno de estos países a otro. Dado que los migrantes intraeuropeos no se pueden rastrear fácilmente a partir de los registros de población, la encuesta utilizó una técnica de muestreo de directorio telefónico objetivo basada en nombres para llegar a esta población.

La encuesta reveló cuatro tipos de inmigrantes en general en la UE-15: inmigrantes tradicionales tardíos que continúan los viejos patrones de migración laboral del sur-norte, inmigrantes jubilados que se mueven de norte a sur, inmigrantes de mediana edad antes de la jubilación y una clase de jóvenes con gran movilidad. Profesionales europeos.

Para los europeos de la encuesta EIMSS, las consideraciones económicas o las diferencias en los niveles salariales no eran motivos tan prominentes para mudarse como podrían sugerir las teorías económicas tradicionales de la migración. De hecho, las razones más comunes declaradas para la movilidad estaban relacionadas con el amor y la familia: "vivir con la pareja / cónyuge / hijos" obtuvo la mayor proporción de respuestas con un 29,7 por ciento. Las segundas razones más importantes estaban relacionadas con el estilo de vida y el medio ambiente: "vivir en un mejor entorno natural" obtuvo el 15,7 por ciento de las respuestas, seguido de "vivir en un clima mejor / más saludable, disfrutar del clima" con el 13,5 por ciento. Entre las motivaciones económicas o laborales para mudarse, "aceptar una oferta de trabajo" obtuvo la mayor proporción de respuestas con un 15,2 por ciento.

El proyecto PIONEUR reveló que la migración europea, al menos entre la UE-15, ha cambiado a lo largo de los años, pasando de involucrar principalmente a inmigrantes económicos menos calificados en ocupaciones manuales a la movilidad de personas educadas y altamente calificadas, que a menudo provienen de niveles superiores o superiores. familias de clase media alta.

Cuando se inició el régimen de libre circulación, hace 60 años, se pretendía alentar a los trabajadores manuales a cruzar las fronteras en busca de empleo temporal en el sector industrial. Ahora, una amplia variedad de europeos utilizan este derecho.

En 2009, el Eurobarómetro encuestó a 27.000 personas de la UE-27 sobre sus experiencias e intenciones de movilidad. El informe, publicado en 2010, indica que los ciudadanos de la UE de los Estados miembros incorporados más recientemente tienen más probabilidades de estar motivados para trabajar en el extranjero y elegir su país de destino en función de consideraciones económicas, mientras que los de la UE-15 tienen más probabilidades de considerar factores culturales y de estilo de vida en sus decisiones de emigrar. Estos hallazgos refuerzan los hallazgos de la encuesta EIMSS de unos cinco años antes.

Parece que, al menos por ahora, dos patrones de movilidad divergentes coexisten en el contexto europeo actual, y que estos dos grupos se ven con frecuencia en términos algo diferentes en función de las razones de su migración: los inmigrantes más ricos de la UE-15 a menudo se describen como "europeos móviles", mientras que los que proceden de los nuevos Estados miembros se denominan "inmigrantes" y pueden sufrir discriminación independientemente de su condición de ciudadanos de la UE.

Los gobiernos de los Estados miembros, por ejemplo, luchan por encontrar formas de gestionar la frustración pública relacionada con la población romaní de forma compatible con la legislación de la UE y los derechos humanos universales.

Miles de romaníes, expulsados ​​de Rumanía, Bulgaria y otros países de Europa del Este por la pobreza y la discriminación, viven en campamentos ilegales en las afueras de las grandes ciudades de Europa Occidental y del Norte. En el verano de 2010, Francia provocó una protesta internacional al desmantelar numerosos asentamientos romaníes y expulsar a quienes los ocupaban, a pesar de que estas personas eran ciudadanos de la UE con el derecho protegido a la libre movilidad.

Pero los europeos no son la única población que utiliza el derecho a la libre circulación dentro de Europa. Una vez dentro de las fronteras de la Unión Europea y el espacio Schengen, los nacionales de terceros países también se benefician de la libre movilidad. en la práctica - independientemente de si tienen permiso para residir legalmente o trabajar en otros países - debido a la falta de controles fronterizos internos. Las implicaciones de esta realidad, junto con los desafíos contemporáneos a los que se enfrentan las fronteras exteriores de Europa, han puesto un énfasis significativo en la libre circulación.

Los recientes problemas de seguridad fronteriza de Grecia y la preocupación de algunos Estados miembros de que Bulgaria y Rumanía se conviertan en puntos de entrada porosos a la Unión Europea una vez que se unan al espacio Schengen son ejemplos claros de tales desafíos. Además, los recientes levantamientos en el norte de África y la posterior llegada de migrantes de países envueltos en conflictos a Italia y Malta han alimentado el debate en torno a la libre movilidad y han llevado a algunos gobiernos a cuestionar la equidad de un sistema que permite a los países situados en el fronteras exteriores de Europa para soportar el peso de las responsabilidades de control de fronteras.

La libre movilidad y el sistema Schengen no son conceptos estáticos, y las relaciones sobre las que se basan seguirán evolucionando. Si bien no es probable que afecte al principio general y la práctica de la libertad de circulación en Europa, es posible que los desarrollos contemporáneos continúen poniendo a prueba la solidaridad y la confianza entre los Estados miembros.

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3. Desafíos y controversias

La Segunda Guerra Mundial puso fin definitivamente al dominio europeo del mundo, y los europeos se dieron cuenta de muchas de sus propias debilidades. Las dos nuevas superpotencias del mundo (Estados Unidos y la Unión Soviética) eran extremadamente superiores a las naciones europeas económica, política y militarmente. Estados Unidos promovió una organización europea centralizada que podría organizar la entrega de los recursos del Plan Marshall (destinado a restaurar y reconstruir una Europa devastada por la guerra). Con este objetivo, en 1948 se estableció la Organización para la Cooperación Económica Europea (OEEC), que se convirtió en la primera institución que fomentó la cooperación de Europa Occidental en importantes áreas multilaterales. La constitución de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) significó que ahora los países europeos estarían luchando juntos contra un enemigo comunista común en lugar de entre ellos mismos.


¿Por qué se considera tan importante el Tratado de Maastricht?

Hoy podemos decir que el Tratado de Lisboa es el documento más importante de la Unión Europea (UE). Es el tratado más nuevo, el más actualizado y dicta cómo funcionan las instituciones europeas. Sin embargo, los tratados anteriores no deben considerarse menos importantes. Si pensamos en la evolución de la UE y cómo llegó a existir, se podría decir que todos los tratados comparten el mérito de lo sucedido. Sin embargo, algunos tratados han tenido más impacto en la integración europea que otros. The Treaty on European Union (TEU), signed in Maastricht, was one of the most important agreements in the EU’s history. Indeed, not only did it reform the structure of the European Community (EC) through the establishment of a political union, and strengthen economic integration with the creation of the Economic and Monetary Union (EMU), but it also enabled the stabilisation of political tensions within Europe at the end of the Cold War, and integrated a unified Germany into the EU. As a result of this treaty the EC could not be called as such anymore, and from that point on it had to be referred to as the European Union. With the Maastricht Treaty, the EC took a step forward in European integration and in uniting its member states. Nonetheless, even if governments were very enthusiastic about it, public opinion was very much concerned about where this integration would eventually lead, thus making the ratification of the treaty more difficult. This essay will focus first on what the TEU actually says, and on the major innovations of the treaty. Then, it will study the effects it had on, as well as the reaction of the member states and will determine why the ratification process was so long. Finally, we will try to understand why the treaty was so important for the EC, and what the catalysts were that brought together the member states to agree upon the Maastricht Treaty.

The principal change of the treaty, which brought about all the other innovations to follow, was the ‘three pillars’ structure of the EU organisation. The 3 pillars consist of the Single European Act (SEA), the Common Foreign and Security Policy (CFSP), and the Justice and Home Affairs. Therefore, within this structure emerged a new political union, through the second and third pillar, and a monetary union, through the first pillar (Europa, 2007). The particularity of this organisation is that even if each pillar was designed to be independent from one another, “bridges” could be made, (Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994a: 28) as the action of one community would generate issues in another. For instance, because of the creation of a Single European Market (SEM) borders had to be opened, and as a consequence visa policy throughout the EU zone had to be changed (ibid). Concerning decision making, the EC would remain supranational and communautaire, implying that member states would only play a secondary role, while the other two would stay on an intergovernmental level (ibid: 19). However, a significant difference between the SEA and Maastricht was that the European Parliament gained power over member states, especially from 1992 onwards, as it would “adopt acts in conjunction with the Council” (Europa, 2007). This was very important because it meant that the Parliament would be playing a direct role in European legislation and would have both the power to negotiate with and “say a definitive ‘no’ to the Council” (Vanhoonacker in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 3 Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994a: 33).

Therefore, one of the major innovations which the TEU brought with its three pillars structure was the establishment of a political union. There had already been some agreements on social policies after the SEA, but integration was more focused on the economic aspect of European cooperation. Before the TEU, one of the only forms of political unity that existed was the European Political Cooperation, which was mainly foreign policy related and consisted of “mutual information and consultation.” The Twelve, the member states at the time, would agree on adopting “common position” concerning events in the world (Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994a: 19). However, it was quite difficult for them to find common ground for agreement, especially with the Yugoslavia crisis of 1990, for instance. First, the states could not agree on the whole situation and on what measures had to be taken in order to prevent a break-up. Second, when the break-up finally happened, the member states could not agree on whether the new states should be recognised. Hence, serious questions emerged on the unity of these European countries and many people wondered if the CFSP would actually work (Vanhoonacker in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 7). Of course, it was eventually implemented during the creation of the Maastricht Treaty, and it was a way for the newly born EU to show that member states could cooperate because they had common interests in doing so, those of the union (Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994a: 37).

Moreover, concerning social policies “Member States had already been cooperating in different forms,” (ibid: 39) mainly because of the SEA which had already defined common standards for the “health and safety of workers” (ibid: 32). Nevertheless, one of the treaty’s aims was to develop a bigger social dimension for the EU. Thus, it introduced extended cooperation between member states with more involved participation of the European legislative regarding social issues such as education, employment, or labour (ibid). Furthermore, a special citizenship for people of each member state was brought forward by the treaty. It did not only increase the social dimension of the union, but also developed a new political comprehensiveness because the EU was now acknowledging the fact that it was one entity which was formed by and worked for the citizens, rather than a body composed of different states driven by their national interests.

Another significant development of the EU that was brought by the TEU was the establishment of the Economic and Monetary Union. It was considered as “the strongest form” and the last step towards full economic integration (Healey, 1995: 7). Many agreements had been reached after the SEA that noted further cooperation would be needed. The plan that had already emerged in the 1980s was known as the 1992 project. The idea was to essentially have a Single European Market, where all trade barriers would be dropped, and where it “must lead to a more unified Community” (Delors in Cecchini, Catinat and Jacquemin, 1988: xi). The objective of this plan was to develop more efficient trade and boost growth and development within the EC (Baun, 1995: 608). Many agreements had already been made in the years before 1992, the Maastricht Treaty just made these commitments “legally binding” (Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994a: 28). Hence, the declarations made in the TEU were “more a matter of legitimation than of innovation,” (ibid) but it would be the final touch for the single market (Europa, 2007). Therefore, with the union in the 1990s, economic integration would take the road of no-return. The consequences of a SEM and of the formation of a single currency would be irreversible actions for the EU (ibid: 17). What makes the EMU so significant today is the knowledge that each member state in 1992 realised that they would enter a permanent situation in which European integration would drive their policies, and that decisions taken during the writing of the treaty would be irrevocable no state would possibly be able to go back to its previous relative economic and political independence after ratification, yet they still agreed to it.

Amongst all the theories that explain European integration, neofunctionalism is quite relevant in explaining why the Maastricht was created. Indeed, neofunctionalists consider political integration and the creation of a monetary union as “inevitable outgrowth” or a spill-over of economic integration (Baun, 1995: 606). Their main belief is that through slow and gradual economic cooperation, European integration will follow. First, because this cooperation cannot happen if integration does not exist, Jacques Delores, the President of the Commission at the time, said that “without a new treaty, it would not be possible to make any significant progress” towards the EMU, (European NAvigator, n.d.) thus making the statement that for further integration, other forms of integration had to be achieved. Second, integration will develop and reach a point where any state involved in the integration process cannot decide to abandon it, because that process is too interlinked with national policies (McCormick, 2008: 9). Helmut Kohl, German Chancellor, stated that “monetary and political union were not separable but were instead two sides of the same coin” (Baun, 1995: 621). Therefore, the Maastricht Treaty had to happen eventually because of increased integration.

What happened after the TEU was written was very unexpected. It would have been sensible to think that the ratification process should have gone smoothly, given the good public opinion in the 1980s about the 1992 project, and the enthusiastic commitment of national governments to the EC. Nonetheless, the ratification of the Maastricht Treaty lasted almost two years and turned out to be quite a difficult process with many obstacles (Vanhoonacker in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 3). First of all, the economic crises that hit Europe between 1992 and 1993 hindered the development of the EMU, as currencies devalued one by one which led to a partial collapse of the Exchange Rate Mechanism. Stagflation followed throughout the EC and the “economic problems had a negative effect on popular support for further European integration” (Vanhoonacker in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 6).

One of the major blows to ratification was the Danish ‘no’ on their TEU referendum. It caused “a shock-wave throughout Europe,” (ibid: 5) as citizens in other states began to question and criticise the EC and its development. Once it was clear that people from Denmark were against the treaty opposition grew stronger in other countries. For instance, in France, President Mitterrand decided to call a ratification referendum, which only passed with a slight majority of 51%. Certain governments, such as that of the UK, took this opportunity to bargain and get what they wanted from the treaty. Out of the Twelve, four member states have been through major troubles because the ratification process had been “politically controversial” for them, these were Denmark, France, the United Kingdom, and Germany (Laursen in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 295). Spain has been an issue as well, but the protests were minor compared to what occurred in other countries.

One of the main reasons why the Danish said ‘no’ to the treaty was because of European citizenship. Many people in the member states were afraid that the establishment of such a citizenship would impede their national one, causing a debate on national identity. However, that would not have happened if national governments had been more communicative about the treaty. It was not a problem of transparency, but rather of comprehension. The wording of such treaties is usually very complex and a majority of citizens could not understand it, as was the case in 1992. This is why governments launched campaigns that explained the content of the TEU in a language that normal people could assimilate (Vanhoonacker in Laursen and Vanhoonacker, 1994: 5). Nevertheless, it was not just an issue of misunderstanding, citizens were also genuinely concerned about the changes brought about by the Maastricht Treaty. After the referendum in France, the government had to confront serious issues as only little more than half of the population agreed with its decisions regarding the EU, and it had “serious questions as to popular support for a further deepening of European integration” (ibid: 6). In southern Europe, the Spanish were “facing unemployment rate of more than 20%,” so they truly doubted the capacity of the EC to be beneficial to Spain (ibid). As for the Germans, they were wary about losing their national currency and replacing it with a European currency (ibid: 5). The Danish, French, and all others eventually surrendered to the Maastricht Treaty, but public opinion is still an extremely important issue, as opposition parties grow stronger every year within the EU.

On a governmental level, national parliaments, especially the British one, and other national bodies, such as the Bundesbank in Germany, were very troubled. Indeed, both were exceedingly concerned with their sovereignty. First, the UK had been opposed to certain ideas of the TEU a while before ratification. It was mainly the Conservative party, with Thatcher and Major as Prime Ministers, which caused problems. It absolutely refused the third stage of the EMU, which was that of substituting its national currency with a common one, and this measure was seen by British right wing politicians as “a ‘conveyor belt to federalism’ and the definitive abandonment of national sovereignty” (Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994b: 256). Furthermore, when Major came into power in the early 1990s, he was ready to cooperate with other member states regarding the CFSP, but he also wanted a certain leeway of independence, he said that “Where we can act together we will do so. Where we need to act on our own, we must be able to do so” (Major quoted in Best in Laursen and Vanhoonacker, 1994b: 255). Second, the Bundesbank in Germany gained power over the EC through the European Monetary System (EMS) because Germany was the biggest economy. Thus, it was unsatisfied because if the EMU was established it would lose sovereignty over its monetary policies and would have to take orders from the European Central Bank (Baun, 1995 607).

The issues that occurred during the ratification process were to some extent consequences of previous problems seen in the EC in the late 1980’s. Take for example the Bundesbank, it was willing to delay any plans for the EMU because it had already been “forced to accept against its strong disapproval rapid German monetary union,” and it felt it was losing control over Germany’s monetary stability (ibid: 617). The fall of the Berlin Wall in 1989 was a critical turning point for the world system as it announced the end of Cold War, but it was also an important event for the EC because it implied German unification, and a possible resurgent German threat. These logically had some consequences which created some issues in Europe that correlated to some extent. After the end of the Cold War the international economy and system changed drastically, and Europe did not know where it stood, but it definitely knew that it wanted to have an important and active role on the global stage (ibid: 605). However, that could only be possible through further integration of the EC. Though, that was not the major reason why the Maastricht Treaty was founded.

Since German unification was not debatable for Kohl, Chancellor of the FRG in 1989, it created high tensions within the EC because member states feared a renewal of German power and independence, which would force the country to draw back from the community (ibid: 609). Consequently, Franco-German relationships at the time suffered from a great loss of trust. Member states sought for an immediate deepening of integration because they did not trust Germany’s commitment to the EC. For Delors, significant steps to further integration were “the only satisfactory and acceptable response to the German question” (quoted in Baun, 1995: 609). Only the UK was against the idea, it believed that enlargement was the best thing to do as it would democratise Eastern Europe, while integration would strengthen Germany’s place in the EC (Baun, 1995: 610). France feared its loss of power over Germany and the only way to secure its influence was a significant increase in European integration, so it was mainly concerned about the role it would have in the EC once Germany became unified (ibid). Kohl was willing to prove to member states that a unified Germany was still a Germany committed to the EC, and that he was “in favor of deepening the EC.” He even stressed that unification and integration could go hand-in-hand and that they were “mutually reinforcing processes” (ibid: 610-611).

Therefore, under these circumstances the Treaty of Maastricht became a political bargaining game, principally between France and Germany, as each “viewed the agreement as a means of securing vital national interests” (ibid: 606). The Franco-German tensions decreased when an agreement was reached between both states that political integration would be discussed at the Intergovernmental Conference of 1992. However, some compromises had to be made. Kohl had to withdraw some of his ideas on political union, as that of a powerful European Parliament, in order to have the French government recognise the new states created by the break-up of Yugoslavia (ibid: 621). The fact that tension had arisen between France and Germany in the years preceding the TEU had been a shock for the EC as they were considered “the primary motor of European integration” (ibid: 619). Hence, when Mitterrand and Kohl jointly proposed an acceleration of the development of the monetary union and “called for new initiatives on political union,” it was a relief for the whole community and “of great symbolic importance” (ibid: 615, 619). From 1990 to 1992, there was a “close collaboration of the French and German governments to ensure that” the community survived and strengthened through the TEU, and that could only be explained by “the considerable political and symbolic importance attached to the treaty” (ibid: 623).

In conclusion, the Maastricht Treaty was not only significant because of what was in it the establishment of a political union and the EMU through a new ‘three pillars’ structure of the EU, but also because it made European citizens realise what was actually happening between countries. Furthermore, the fact that public opinion was so involved in the process of ratification shows how it was a big a step for every single person in the EC, politician or manual worker. Nonetheless, as Baun argues, “the Maastricht Treaty was essentially a political response by the EC and its member countries to German unification and the end of the cold war” (ibid). The drastic changes that the end of the Cold War brought caused the EC to develop a new treaty in order to adapt itself to this new world, but mainly to adapt itself to the reunification of Germany. However, the TEU was also a political instrument for Kohl who needed an excuse to substitute the Deutschmark hence the treaty helped him show his people that by signing it Germany had a substantial role in the EU and that to some extent its power and sovereignty were enhanced by it.

Best, E. (1994a) ‘The Treaty on European Union: What does it actually say and do?’ in Laursen, F. And Vanhoonacker, S. (eds.) The Ratification of the Maastricht Treaty, London: Martinus Nijhoff Publisher.

Best, E. (1994b) ‘The United Kingdom and the ratification of the Maastricht Treaty’ in Laursen, F. And Vanhoonacker, S. (eds.) The Ratification of the Maastricht Treaty, London: Martinus Nijhoff Publisher.

Delors, J. (1988) ‘A Common Objective’ in Cecchini, P., Catinat, M. And Jacquemin, A. The European Challenge 1992: the Benefits of a Single Market, Aldershot: Wildwood House.

European NAvigator (n.d.) ‘The Treaty of Maastricht’ [online], European NAvigator. Available at: http://www.ena.lu/treaty_maastricht-2-16468. Accessed on: 15 November 2010.

Healey, N.M. (1995) Economics of the New Europe: from Community to Union, London: Routledge.

Laursen, F. (1994) ‘The not-so-permissive consensus: thoughts on the Maastricht Treaty and the future of European integration’ in Laursen, F. And Vanhoonacker, S. (eds.) The Ratification of the Maastricht Treaty, London: Martinus Nijhoff Publisher.

McCormick, J. (2008) Understanding the European Union, New York: Palgrave Macmillan.

Vanhoonacker, S. (1994) ‘From Maastricht to Karlsruhe: the Long Road to Ratification’ in Laursen, F. And Vanhoonacker, S. (eds.) The Ratification of the Maastricht Treaty, London: Martinus Nijhoff Publisher.

Written by: Morgane Griveaud
Written at: Royal Holloway, University of London
Written for: Dr Alister Miskimmon
Date written: December 2010


History of the Stability and Growth Pact

The Stability and Growth Pact has evolved significantly along with the EU’s economic governance rules.

SGP Flexibility
The Commission issues guidance on how it will apply the SGP rules to strengthen the link between structural reforms, investment and fiscal responsibility in support of jobs and growth.

SGP review
A review of the ‘Six Pack’ and ‘Two Pack’ rules, which was called for in the legislation, determined that the legislation had contributed to the progress of fiscal consolidation in the EU. The review highlighted some strengths as well as possible areas for improvement, which will be discussed with the European Parliament and Member States.

Fiscal Compact
The importance of the budgetary targets set by the SGP’s Preventive Arm (the Medium-Term Objectives), are strengthened by a law known as the ‘Fiscal Compact’, which is part of an inter-governmental treaty, the Treaty on Stability, Coordination and Governance (TSCG).

Two Pack
Adherence to the SGP is further strengthened by new laws, known as the ‘Two Pack,’ which reinforces economic coordination between Member States and introduces new monitoring tools. Further details on the implementation of the ‘Two Pack’ provisions are laid down in ‘Code of Conduct’ (last revised in November 2014).

Paquete de seis
The SGP is made more comprehensive and predictable with a major enhancement of the EU’s economic governance rules through a collection of new laws, known as the ‘Six Pack’. The monitoring of both budgetary and economic policies is organised under the European Semester and further details on the implementation of the SGP’s rules are laid down in a ‘Code of Conduct’ (last revised in September 2012).

SGP amendment
EU lawmakers amend the SGP to allow it to better consider individual national circumstances and to add more economic rationale to the rules to be complied with.

Corrective rules
The SGP’s corrective rules enter into force.

Preventive rules
The SGP’s preventive rules enter into force.

Stability and Growth Pact
EU Member States agree to strengthen the monitoring and coordination of national fiscal and economic policies to enforce the deficit and debt limits established by the Maastricht Treaty. The Stability and Growth Pact is born.

Maastricht Treaty signed
EU Member States sign the Maastricht Treaty, paving the way for the creation of the euro as the common currency of the EU. The treaty limits government deficits to 3 % of GDP and public debt levels to 60 %, so as to enable countries to share a single currency


European Union goes into effect

The Maastricht Treaty comes into effect, formally establishing the European Union (EU). The treaty was drafted in 1991 by delegates from the European Community meeting at Maastricht in the Netherlands and signed in 1992. The agreement called for a strengthened European parliament, the creation of a central European bank, and common foreign and security policies. The treaty also laid the groundwork for the establishment of a single European currency, to be known as the 𠇎uro.”

By 1993, 12 nations had ratified the Maastricht Treaty on European Union: Great Britain, France, Germany, the Irish Republic, Spain, Portugal, Italy, Greece, Denmark, Luxembourg, Belgium, and the Netherlands. Austria, Finland, and Sweden became members of the EU in 1995. After suffering through centuries of bloody conflict, the nations of Western Europe were finally united in the spirit of economic cooperation.

In 2016, in what became known as "Brexit," the United Kingdom voted to leave the European Union. 


The single market and its four freedoms are established: the free movement of goods, services, people and money is now a reality. More than 200 laws have been agreed since 1986 covering tax policy, business regulations, professional qualifications and other barriers to open frontiers. The free movement of some services is delayed.

Austria, Finland and Sweden join the EU. The 15 members now cover almost the whole of western Europe.

Member States: Germany, France, Italy, the Netherlands, Belgium, Luxembourg, Denmark, Ireland, United Kingdom, Greece, Spain and Portugal.

New Member States: Austria, Finland and Sweden.


Amsterdam Treaty, Nice and the Constitution for Europe

The Amsterdam Treaty amended and updated the other Treaties, and made a number of politically significant changes, particularly in the areas of fundamental rights, employment, and the free movement of persons.

A month after the Treaty of Amsterdam had come into force the Treaty of Nice was being negotiated. The pure purpose of the Nice Treaty was to prepare for enlargement, and to deal with the "Amsterdam leftovers". This was primarily concerned with changing the structure and decision making processes, to allow for the fact that the EU was now going to be an EU of 25 rather than 6, and it was no longer practical to carry on using the same systems that had been in place since the Treaty of Rome.

The Amsterdam Treaty introduced a consolidated version of the Community Treaties. The consolidated versions are linked below, and include the changes introduced by the Treaty of Nice.

The next proposed EU Treaty was the Constitution for Europe. The version put forward suggested one model for the future of Europe, which was rejected by the French and Dutch voters.


Maastricht History Facts and Timeline

Maastricht was founded in 50 BC as a Roman colony. Roman forces were, no doubt, drawn by its strategic location on the banks of the River Maas. They quickly built a military camp on either bank and named the settlement Mosae Trajectum.

A castle was constructed to defend the settlement, while a bridge was built over the river on the orders of Emperor Augustus. The bridge allowed trade to take place more easily between France and Germany.

Maastricht appears to have had considerable religious significance during its early history. By the 4th century AD, Christianity had taken hold here. The first church and religious community were founded by St. Servaas. Maastricht was also a bustling commercial city, with its bridge still playing a vital part in trade.


Rise to Prosperity

In 1220, Maastricht was granted the right to call itself a township. Ruled over by the Duke of Brabant and also the Prince Bishop of Liege, it is fair to say that this wasn't an easy alliance.

Maastricht rose to the peak of its prosperity in the 16th century. The city attracted craftsmen, particularly those who worked in precious metals. At that time, the Netherlands was ruled by the Spanish.

Spanish rule wasn't always popular, particularly in Maastricht. In 1576, the city rebelled against its masters. The revolt failed, however, and it wasn't until 1632 that Maastricht managed to free itself, returning to Dutch rule. Frederik Hendrik, the sovereign Prince of Orange, brought in a whole new era of political stability. More importantly, the new regime encouraged a greater degree of religious tolerance. Peaceful it may have been, but the city masters still upgraded its defences, just in case.

History of Modern Times

In the early 19th century, political boundaries were redrawn and a new state brought together Holland and Belgium. It was intended to act as a defence against neighbouring powers. By 1830, the union had disintegrated. Whilst Maastricht should technically have remained part of Belgium, it decided to stay loyal to Holland under the Dutch Royal House of Orange.

In the 19th century, the Industrial Revolution came to Maastricht. The city became known for its pottery factory under Petrus Dominicus Laurentius Regout, whilst also being associated with its plentiful paper mills. The speed with which the city grew was boosted with the arrival of the railway.

Maastricht's neutrality during World War One meant that the effects of war were perhaps less severely felt here. However, the city still suffered. Floods of refugees came in search of homes and food. During World War Two, Maastricht was occupied by German forces - they stayed until 1944. In the post-war era, the city entered a new period in its history. This was a time when it could focus on restoring its historic buildings and build a new, more optimistic city.

In 1991, the city rose to prominence when it staged the European Summit and gave its name to a European Treaty. Today, Maastricht is a city that has something for everyone - a centre of learning, a place where manufacturing is still as strong as ever, and somewhere for visitors to enjoy a day out shopping.


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